No ha habido carrera este año que haya generado más intercambios de opiniones, disputas, discusiones e incluso alguna pelea que la Vuelta a España. Se ha escuchado de todo: desde que ha terminado siendo la mejor GV de la temporada, hasta que ha sido para arrancarse los ojos. Nadie parece ponerse de acuerdo en el significado de "espectáculo", y lo que es peor, en el de "emoción". ¿Cómo podemos atrevernos a juzgar si esta edición de la ronda española ha sido o no emocionante, si somos incapaces de establecer un criterio común?
En Pedaleando hemos intentado reflejar la mayor diversidad de opiniones posible, dejando de lado los post "al uso" y tratando de interactuar al máximo con nuestros seguidores. Así, os pedimos que definiérais vuestra impresión de la Vuelta en tres palabras una imagen. Aunque no muchas, las aportaciones recibidas han sido suficientes como para dibujar un perfil cercano a lo acontecido en estas tres semanas. Gracias a todos los que habéis colaborado.
Aportaciones recibidas en el hashtag #3palabras1imagen (palabras subrayadas en el texto):
- Pinocho, miedo y sopor, by @aitorz3
- Faltó el mejor, by @seloro17
- Mentiras y más policías, by @LanderAnton
- Cuestas de cabras, by @Perico_theboss
- Autopista hacia tedio, by @_Chorbo
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| Il grupetto |
Si hablamos de emociones transmitidas en esta Vuelta, el miedo se lleva la palma. Una vez más, al igual que lo ocurrido en el Giro 2014, la puestometría se ha vuelto a imponer en el pelotón. Y lo peor de todo, parece una batalla perdida. Lejos quedaron los tiempos en los que el único éxito era ganar. El miedo a perder un puesto de privilegio en el top 10, no hace sino privar al espectador de ver un auténtico espectáculo, de disfrutar de etapas rotas desde lejos, en las que las fuerzas son las únicas protagonistas en detrimento de los vatios. Tuvimos que esperar a Ancares para ver una pizca de valentía por parte de Joaquim Rodríguez, atacando a 9 km de meta. Pizca, porque no se puede tildar de valiente a un ataque a menos de 10 km de meta. Poco, muy poco para una edición de la Vuelta donde se podría haber hecho daño en etapas con puertos encadenados como la que terminó en La Farrapona. Y este miedo, en lo único que se transforma es en sopor de cara al espectador. Las etapas se convierten en aburridas horas de televisión a la espera de un movimiento, un ataque o un atrevimiento, el cual no suele llegar hasta bien pasada la pancarta de los últimos tres kilómetros. La retrasmisión tampoco ha ayudado, ni las carreteras por las que se han llevado a cabo muchas etapas. Así, hemos podido "disfrutar" de ver al pelotón circulando incluso por alguna autopista. Autopista que a muchos no nos ha provocado otra cosa que el tedio más absoluto. Como la Vuelta en su conjunto.
Otro asunto que ha salpicado la ronda española han sido las mentiras. Mentiras, medias verdades, acusaciones, contraacusaciones y, en definitiva, ausencia de la caballerosidad que con la que a muchos se les llena la boca al hablar de este deporte. Es cierto que el ciclismo siempre se ha caracterizado por su nobleza, pero también es verdad que casos como los protagonizados por Brambilla y Rovny, o por Purito y Deignan, son tan escandalosos como habituales en el pelotón. Más de uno se llevará las manos a la cabeza al leer esto, pero que reflexione primero. Aunque no se vean siempre, empujones, codazos y puñetazos coexisten en cada uno de los sprints de la temporada ciclista. Así es el deporte, tiene gestos buenos y malos.
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| Habéis picado |
Pero si ha habido una mentira que haya sobrevolado el pelotón durante toda la carrera ha sido la protagonizada por nuestro particular Pinocho pinteño, Alberto Contador. Rotura de la meseta tibial, y tras 52 días, vistiendo el maillot rojo. ¿Extraño? No para Alberto y sus superpoderes. Por supuesto que tiene mérito lo del de Pinto. Siempre hemos defendido su forma de correr y su pasión por este deporte. Es un súperciclista, pero en ocasiones, y no pocas, sospechoso. No es de recibo poner en duda la lesión de Contador, pero parece claro que su gravedad se ha exagerado desde todos los focos, mediáticos y deportivos. Y la mayor mentira, de la que se percató incluso su compatriota Purito, fue la actitud con la que supuestamente llegó a la Vuelta. "No vengo a disputarla, no estoy en forma, quizá la tercera semana". Alberto engañó a todos, nos engañó a todos.
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| Unos aficionados muy particulares |
Desde Pedaleando tenemos una opinión muy clara: la Vuelta se ha convertido en una carrera hecha por y para españoles. Pero no sólo para ciclistas españoles, sino para un público nacional, que disfruta únicamente de corredores (Made in Spain, naturalmente) de unas características muy concretas. Ése es el gran problema de la organización, querer hacer creer al aficionado patrio que sólo hay una manera de convertir una etapa en espectáculo: metiendo, al final de la misma, un par de cuestas de cabras y así poder reconfortarnos desde el sofá viendo cómo se retuercen de dolor los pequeños escaladores. Eso sí, solamente durante un par de kilómetros, y en muchas ocasiones sobrecustodiados por unos policías que han multiplicado su número en esta edición. Hasta tal punto que se sucedían tramos en los que había más Guardias Civiles que aficionados. Eso sí, no han evitado que muchos desgraciados continúen corriendo al lado de los ciclistas y poniendo en riesgo el devenir de la etapa.
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| Gracias, Chris. Tu potenciómetro nos ha dado tardes de leyenda |
La organización ha conseguido justo lo contrario de lo que pretende vender. La supuesta emoción que nos quieren hacer ver, no es otra cosa que el más puro racaneo ofrecido por la gran mayoría de protagonistas de esta carrera, si exceptuamos a los dos primeros de la general, y en especial al segundo, Chris Froome, que ha sido el gran animador de la ronda española y que ha dado una lección de cómo se disputa una gran vuelta. Por supuesto que las diferencias entre los favoritos se han mantenido exiguas hasta prácticamente el final de la ronda, pero ¿por qué? La falta de dureza/dificultad de muchas de las etapas, unida a la actitud de un pelotón pancartista hasta la médula, tiene gran parte de la culpa. Un gran cartel, una gran participación, pero lo mismo de todos los años. Corredores a la carta para acabar comiendo un menú del día.
Para finalizar, no hay que olvidar la ausencia en esta Vuelta 2014 de uno de los ciclistas en activo más relevantes del pelotón y que a buen seguro habría dado mucho que hablar. Y no, no hablamos de Nairo Quintana - a quien le deseamos una pronta recuperación - sino a un ganador del Tour de Francia. Faltó el mejor, Andy Schleck. Estará ajustando la cestita de su bici.






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